De cara a la Pascua, Las cuatro noches señala la acción de Dios en cuatro noches salvíficas, en cuatro noches de especiales intervenciones de Dios.
1. La primera noche es la de la creación: "pasó una tarde, pasó una noche... el día primero", que siendo el inicio de la salvación, es proclamada en la Vigilia pascual. Se recuerda la creación primera viendo la nueva creación que el Resucitado va a realizar, que ya comienza, y cuyo signo y anticipación son los sacramentos.
2. La segunda noche es aquella en la que Dios se revela a Abraham con una promesa.
3. La tercera noche es la noche de la salvación, de la liberación de Egipto, la noche de Pascua. Ésta será recordada en la tercera de las lecturas de la Vigilia pascual.
4. Pero la cuarta noche, que Israel espera aún porque no ha creído, es la noche de la venida del Mesías. Esta cuarta noche se produce en varios momentos:
* la noche de su Nacimiento virginal, adorado por pastores;
* la noche de su Resurrección;
* la noche de su Parusía, su venida última y definitiva.
Esa cuarta noche de la venida del Mesías, liberadora y santísima, es relacionada con la Vigilia pascual. En la noche de su resurrección los cristianos aguardaban ese cumplimiento, su venida definitiva. Cuando va a llegar la Vigilia pascual, en la noche santísima de la Resurrección, esperamos el cumplimiento absoluto de la Historia de la Salvación y la venida gloriosa del Señor desde los cielos. Ya lo explicaba así san Jerónimo aludiendo a una tradición.
Interpretemos la Vigilia pascual, hoy, la de Cristo Alfa y Omega, uniéndola a esa perspectiva salvífica. El Poema de las Cuatro noches (un Targum de Ex 12,42, de finales del siglo I) tuvo difusión en el pensamiento cristiano y nos puede servir para recordar realidades básicas del sentido espiritual de la Vigilia pascual, la Cuarta Noche.
"Ésta es la noche predestinada y preparada para la liberación en el nombre de Yahvé, para la salida de los hijos de Israel, liberados de la tierra de Egipto. Cuatro son las noches que han sido inscritas en el Libro de las Memorias:
La primera noche fue aquella en que Yahvé se manifestó en el mundo para crearlo: el mundo estaba desierto y vacío y las tinieblas y cubrían la superficie del abismo. La palabra de Dios era la luz e iluminaba. Y la llamó noche primera.
La segunda noche fue cuando Yahvé se manifestó a Abrahán a la edad de cien años y a Sara su mujer que tenía noventa años, para que se cumpliera lo que dice la Escritura: ¿Será capaz Abrahán de engendrar a la edad de cien años y Sara su mujer será capaz de concebir a la edad de noventa años? Isaac tenía treinta y siete años cuando fue ofrecido en sacrificio sobre el altar; descendieron los cielos y se abajaron, e Isaac vio la perfección y sus ojos permanecieron deslumbrados por sus perfecciones. Y la llamó noche segunda.
La tercera noche fue cuando Yahvé se manifestó contra los Egipcios en medio de la noche; su mano mataba a los primogénitos de los Egipcios y su diestra protegía a los primogénitos de Israel, para cumplir la palabra de la Escritura: Israel es mi primogénito. Y la llamó noche tercera.
La cuarta noche será cuando el mundo, llegado a su fin, será destruido. Los yugos de hierro se harán añicos y las generaciones de la impiedad quedarán destruidas. Entonces Moisés saldrá del desierto... Uno irá a la cabeza de su rebaño y el otro en lo más alto de una nube y su palabra avanzará entre los dos y caminarán juntos.
Es la noche de la Pascua para el nombre de Yahvé: noche fijada y reservada para la salvación de todas las generaciones de Israel".
Entendemos mejor, entonces, la explicación o comentario de san Jerónimo:
“Es una tradición judía que el Cristo debe venir a medianoche, según el modelo de la salida de Egipto, cuando la Pascua es celebrada. De ahí que yo opine que debe conservarse la tradición apostólica de no despedir al pueblo expectante de la venida de Cristo antes de la medianoche de la vigilia pascual” (PL 26, 184).
Primera noche: la Creación
La Pascua es acción de gracias por la Creación de Dios.
“En el principio creó Dios cielo y tierra” (Gn 1, 1). La creación comienza con la irrupción de la luz divina en la oscuridad caótica. La acción creadora de Dios, por medio de su Palabra, aparece como un acto ubre del Señor que manifiesta la absoluta gratuidad con que actúa tanto en la historia de la salvación (Rom 9, 8.30) como en la llamada del mundo a la existencia. Dios crea y se da por puro amor y por pura gracia. La Pascua, al resaltar la alegría de la primavera, se convierte también en memorial de la creación.
Israel celebra con una misma alabanza el amor del Dios creador del universo y de la historia La Pascua es, en principio, la fiesta de la primavera como celebración de la creación. Pero la gran primavera de Israel es aquella en la que Dios lo libera de la esclavitud de Egipto. El Éxodo es el momento en que Dios engendra a Israel como pueblo (Dt 32,5-10; Ez 16,4-7).
La creación anticipa la ”redención”. Este lazo entre Pascua y creación quedaba subrayado por las lecturas bíblicas usuales en la liturgia sinagogal. El ciclo de lecturas era trienal. El primer año se empezaba el mes pascual de nisán justamente con el relato de la creación según el capítulo primero del Génesis; y el año segundo comenzaba con el capítulo decimosegundo del Éxodo. así pues, la liturgia enlazaba la fiesta de la creación y la del Éxodo.
Segunda noche: Abraham
La segunda noche que recuerda la Pascua hebrea es la del sacrificio de Abraham, noche en la que, como proclama el Targum “apareció la fe sobre la tierra”. La tradición judía pone este acontecimiento en relación directa con la Pascua. En el libro de los Jubileos se afirma que Isaac fue ofrecido el 14 de Nisán, a la misma hora en que más tarde se inmolaría el cordero pascual, y la montaña del holocausto no fue otra que el monte Sión, lugar del futuro templo de Jerusalén. Igual que Isaac fue rescatado con la sangre del camero, todos los primogénitos hebreos serán salvados por la sangre del cordero pascual. Las promesas hechas a Abraham son gratuitas; no se fundan en sus posibilidades ni en sus méritos. A la promesa no corresponde por parte del hombre el “conocimiento”, sino la fe y la obediencia. Es el proceso opuesto al pecado original.
Yahveh es un Dios de vida; su presencia nunca es estática, es “paso”, pascua que pone al hombre en movimiento sacándole de sus seguridades. Abraham, movido por la promesa, vive abierto a un futuro no calculable, al proyecto de Dios que le es desconocido es inverosímil. Así la fe se presenta como un absoluto apoyarse en Dios. La orden y la promesa aparentemente se contradicen, pero Abraham cree y entra en una contradicción que llega a su culmen con la exigencia del sacrificio de Isaac, el hijo de la promesa. La fe vence al absurdo, esperando frente a la aniquilación de toda esperanza.
Tercera noche: el Éxodo
La descendencia de Abraham llegó a convertirse en el pueblo de la promesa, pero sometido a esclavitud quedaba reducido a la misma impotencia que su antepasado. Israel descubre a Dios en su actuar en la historia. a través de su liberación de la esclavitud.
La tercera noche que se celebra en la Pascua judía, es la del Éxodo.
No se trata de un aniversario de la antigua liberación de Egipto, sino de un misterio actualizado cada primavera, como si generación tras generación todo fiel fuera rescatado personalmente de la esclavitud. Los profetas mantendrán vivo el recuerdo de los acontecimientos del primer éxodo para que, a la luz de este memorial se haga eficaz en el presente de la historia la fuerza salvadora de Dios.
El culto, aquel que el faraón quería impedir a los israelitas, es el memorial conmemorativo de la intervención salvadora de Dios en la historia. La Pascua revive la liberación de Israel de la esclavitud (Ex 12,23, 15; Dt 16, 1-8)
Dios que Libró una vez a su pueblo, lo salvará, lo recreará, en cada nueva situación de esclavitud. En la cena pascual, cada uno de los comensales tiene la certeza de que, por medio de la liturgia, está compartiendo junto con sus antepasados la salida de Egipto, experimentando de esa forma el paso de la esclavitud a la libertad, de la tristeza al gozo, del llanto a la alegría festiva de la muerte a la vida.
Cuarta noche: la fiesta eterna
La cuarta noche que se celebra en la Pascua es la del final de los tiempos “cuando el mundo llegue a su fin para ser rescatado… y el Rey Mesías venga de arriba” (Targum). Cada Pascua es profecía del día escatológico y mesiánico. “En esta noche han sido salvados, en esta noche serán salvados”, se decía en la Liturgia judía.
Todas las intervenciones salvíficas de Dios, unidas a la celebración de la liberación de Egipto, hacen esperar su intervención definitiva en el futuro con la llegada. Del Mesias. Esta salvación definitiva (escatología) aparece como una nueva creación (Is 65, 17), un éxodo irreversible (Is 65,22), una victoria absoluta y definitiva sobre el mal que recobra el paraíso de nuevo (Is 65,25). Por ello, en la noche pascual los judíos aguardan la llegada del Mesías, dejando en su mesa una silla vacía para Elías, que le precederá anunciando su venida.
Emiliano Jiménez Hernandez
(FUENTE DE LOS VIDEOS)
https://www.youtube.com/watch?v=JUXvxEIwe4A (Cántico de los 3 jóvenes)
https://www.youtube.com/watch?v=WcF5UMrfBoY (Aquedáh)
https://www.youtube.com/watch?v=FkLYXAJPIs8 (Cántico de Moisés)
Pregón Pascual de mis archivos.